Una de
las cosas que más me gustaban de ir a casa de mis tíos era que mi primo siempre
tenía el último ejemplar de la revista “Pulgarcito”. En ella, se desgranaba, a
través de varios cuentos dibujados en viñetas, las historias del pequeño
Pulgarcito además de otras más que, a modo de acompañamiento, nos iban haciendo
más amenos los ingenios del joven aventurero. De esta manera, conocíamos a
tipos tan peculiares como Tete Cohete, el Repórter Tribulete, Los Pitufos,
Pitagorín o el perro Lanitas. Todos, de una u otra manera, nos iban
descubriendo nuevas maneras de vivir el mundo y, sobre todo, nuevas enseñanzas
a la hora de afrontar los problemas. Huelga decir que cada vez que regresaba a
casa de mis tíos, volvía a abrir el cajón y allí estaba, como siempre,
esperándome, el último ejemplar de la revista “Pulgarcito”.
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jueves, 19 de octubre de 2017
martes, 24 de febrero de 2015
El botones Sacarino
Siempre fui muy fan de los comics de Francisco Ibáñez. Mortadelo y Filemón aderezó mi infancia y agudizó mi sentido del humor. El día que descubrí a El Botones Sacarino, encontró una tira de humor fresco, casi absurdo pero muy muy ingenioso. En sus tebeos, nos contaba la historia de un botones histriónico y despistado que terminaba por colmar los nervios de sus superiores. Una gran iniciación en el humor para niños con muchas ganas de reír.
jueves, 22 de enero de 2015
El cetro de Ottokar
Me convertí en un fan incondicional de las aventuras de Tintín el día que abrireron la primera biblioteca pública en mi barrio. Los niños de entonces, sin los entretimientos caseros de hoy en día, buscábamos nuestros sueños en aventuras escritas con letras de pasión. Tintín era un joven reportero que, acompañado de su perro, indagaba en los misterios que iban ocurriendo a lo largo del planeta. Y en aquella época éramos muchos los niños que queríamos ser como Tintín.
En la aventura detallada en "El cetro de Ottokar", Tintín viaja a Syldavia al enterarse de la noticia de que el cetro del rey será robado con el fin de que el país se anexione a Borduria. Con una trama magníficamente relatada, Hergé juega con la historia y pone nombres encriptados a Hitler, Alemania y Polonia. Como siempre, nuestro amigo Tintín, gracias a sus pesquisas, consigue desentramar el plan y, con ello, la paz para Syldavia.
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