lunes, 10 de septiembre de 2018

Alberto Górriz

Hay estampas que te marcan la vida. Pequeños objetos, sin más valor que el sentimental, que te hacen recordar siempre un momento, un instante, una situación. Cuando me hablan de Alberto Górriz, yo vuelvo a estar en la terraza de mi casa. Aquel cromo, tan deseado como imposible, apareció en el último sobre de la última compra del verano.

Yo era un niño común en la España de los ochenta. Bocadillo a media tarde y un rato de fútbol en la calle después de los deberes. En verano, como la mayoría de los niños del barrio, coleccionaba los cromos de la liga de fútbol. Las colecciones eran frustrantes porque, más allá de algún logro personal, generalmente el álbum quedaba muy lleno pero siempre incompleto. Eso fue así hasta la temporada 1988-89. Yo ya tenía doce años y mi habilidad para negociar había ido en aumento. Así, entre compras e intercambios, llegué al comienzo de temporada con todo mi álbum repleto excepto un sólo cromo; Alberto Górriz, defensa central de la Real Sociedad.

Aquello, desde luego, no parecía misión imposible. No era un último fichaje y no tenía por qué ser un cromo difícil de conseguir. Pero vaya si lo fue. Bajaba a la calle, cambiaba de barrio, iba de un parque a otro, y ningún niño tenía a Górriz. Llegué a ofrecer todo mi taco de cromos repetidos. Eran bastantes. Con muchos de ellos, para iniciar nuestra propia competición, confeccionábamos equipos de chapas haciendo el redondel con monedas de veinticinco pesetas. Pero esa es otra historia.

Mi historia termina una tarde finales de agosto. Mi padre me dio cien pesetas y yo compré cuatro sobres. No solían ser tan expléndidos nuestros progenitores, pero había días en los que les pillabas de buenas o simplemente ellos consideraban que te los habías ganado. Compré cuatro sobres pensando que serían los últimos del verano, que empezaría la liga y la colección terminaría. Y quedaría ese hueco en blanco correspondiente a Górriz, defensa central de la Real Sociedad. Pero Górriz apareció en el último de los sobres. Creo recordar que fue el segundo cromo, quizá el tercero. Recuerdo una sensación de júbilo contenido y una ilusión como recuerdo pocas. Los logros, en la infancia, se sienten el doble y se recuerdan el triple. Seguramente sea eso lo que me lleve a exagerar, pero aquel momento fue uno de los más felices de mi vida. Parece inexplicable, pero es así.

Y es que existen pequeñas estampas, pequeños momentos que nos marcan la memoria. Una fuente de agua en el parque para apagar la sed, un gol en el descampado contra la pandilla rival, un tebeo de Tintín en la biblioteca municipal y un último cromo para completar una colección. La infancia es el lugar de los sueños y la madurez es, simplemente, el lugar de los recuerdos.

jueves, 31 de mayo de 2018

El cuponazo


Durante un par de semanas, la televisión nos alertó con un anuncio sorpresivo. Cada vez que la película o el programa de turno se iban a publicidad, aparecía una interminable fila de personas que, esperando alguna novedad, iban esperando algún tipo de suceso. Lo que ocurría realmente, nos lo mostraron poco después. Fue el nacimiento del Cuponazo de la ONCE, un cupón diario en beneficio de la Organización de Ciegos, en el que se podían ganar premios que, en el momento, eran sorprendentes. Ante la novedad, la primera persona de la fila caía desmayada por la impresión y, en un efecto dominó que nos resultó divertido, iba tirando, una detrás de otra, a todas las personas de la fila. Recuerdo que, durante varios días, en el recreo del colegio, toda la clase nos poníamos en fila y jugábamos a tirarnos los unos a los otros igual que lo hacían los tipos del anuncio de la ONCE. Y al tiempo, tarareábamos "Es la ilusión de todos los días...".

miércoles, 18 de abril de 2018

Los payasos de la tele

- ¿Cómo están ustedes?

La pregunta, entonada en voz firme, casi cómica y con acento familiar, era repetida una y otra vez por cada uno de los mientros de la troupe. Los niños, entusiasmados en su particular grada de circo televisivo y ensimismados frente al televisor, respondían un sonoro "bieeeeeeeen" que repetían con firmeza después de cada pregunta.

La infancia es el lugar donde se gestan los sueños. La risa es el camino más sencillo hacia la ilusión. Durante años, estos cuatro tipos se presentaban cada semana ante nosotros con la intención de hacernos reír y de hacernos pensar. Nos enseñaron canciones, nos enseñaron frases, nos enseñaron lecciones.

Yo no conocí a Fofó, el verdadero padre televisivo de una generación de niños que creció soñando una España nueva. Mis recuerdos se pierden en el serio Gaby, el confuso Miliki, el torpe Fofito y el mudo Milikito. Este último, aquel personaje que aparecía con un cascabel y se hacía entender por señas, terminó convirtiéndose en magnate de la televisión. Emilio Aragón, el doctor Martín, para más señas.

Esa es otra historia de nuestra televisión. La de hoy nos evoca a una época donde aprendimos a soñar y, sobre todo, aprendimos a reir.

jueves, 19 de octubre de 2017

Pulgarcito




Una de las cosas que más me gustaban de ir a casa de mis tíos era que mi primo siempre tenía el último ejemplar de la revista “Pulgarcito”. En ella, se desgranaba, a través de varios cuentos dibujados en viñetas, las historias del pequeño Pulgarcito además de otras más que, a modo de acompañamiento, nos iban haciendo más amenos los ingenios del joven aventurero. De esta manera, conocíamos a tipos tan peculiares como Tete Cohete, el Repórter Tribulete, Los Pitufos, Pitagorín o el perro Lanitas. Todos, de una u otra manera, nos iban descubriendo nuevas maneras de vivir el mundo y, sobre todo, nuevas enseñanzas a la hora de afrontar los problemas. Huelga decir que cada vez que regresaba a casa de mis tíos, volvía a abrir el cajón y allí estaba, como siempre, esperándome, el último ejemplar de la revista “Pulgarcito”.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Tato Abadía

En tiempos de analogía y sueños de papel, los niños crecíamos en la calle, inventábamos juegos y, cuando llegaba el verano, coleccionábamos cromos. No era una tarea sencilla; en primer lugar había que contar con el beneplácito económico de nuestros padres. Los sobres costaban diez pesetas, pero sumando de diez en diez, la colección se podía marchar a un pico y no a todos los padres les hacía gracia lo que ellos consideraban un despilfarro. Y, en segundo lugar, había que hacer frente, con resignación, a la colección de cromos repetidos que salían, en bucle y sin parar, un sobre tras otro.

Por eso, era común ver a cualquier chaval del barrio con un enorme taco de cromos repetidos y abordándonos para comprobar si, entre los nuestros, había alguno de los que a él le faltaban para la colección. Al ritmo de "sile, sile, nole, nole", pasábamos los cromos con destreza e íbamos intercambiándonos postales con el fin de terminar de rellenar un álbum que, en la mayoría de las ocasiones, siempre terminaba con algún hueco vacío.

Entre las estampas había auténticos adonis y estrellas del balompié. Nos fascinaban los últimos fichajes y presumíamos de cromo si nos tocaban tipos como Butragueño, Futre o Lineker. Pero en aquel fútbol de los ochenta también había tipos de perfil bajo y aspecto bizarro. Los hombres que perdían el pelo no se rapaban la cabeza buscando metrosexualidad y donde hoy vemos barbas hipsters entonces había bigotes poblados y viriles. Eran futbolistas que se manchaban de barro y bebían cerveza después de los partidos. No les importaba carecer de abdominales porque sólo se preocupaban de llegar al balón antes que el rival.

Entre aquellos tipos feotes y chaparros, destacaba un centrocampista que se desenvolvía sobre la banda derecha del Logroñés. Abadía, apodado "El Tato", era un futbolista cumplidor de bigote negro, calvicie prominente y piernas arqueadas. Se manejaba de maravilla sobre el barro de Las Gaunas en invierno y era un soldado abnegado durante la larga temporada. Entre sus logros, guarda en la memoria, un tiro de volea en el Bernabéu que acabó en gol. El día que el Logroñés empató a dos en Chamartín y saltó la banca.

miércoles, 20 de julio de 2016

Emilio Butragueño


Generalmente, el fútbol español había estado trufado por tipos duros y de rictus serio. Tipos que no fiaban y que disparaban antes de preguntar. Bigotes hoscos, mandíbulas cuadradas, cejas rotas y algún diente perdido en el césped embarrado de algún estadio del norte. A medida que el fútbol anglosajón iba modernizando sus mitos, los nuestros seguían siendo tipos serios que se tomaban el fútbol como una cuestión de vida o muerte, ignorando que, como bien dijo Bill Shankly, es algo mucho más importante que todo eso.

En la primavera de 1983 debutó en Primera División y tipo antagónico. Era bajito, endeble, guapo y tímido. Parecía, a priori, que tenía todas las condiciones para fracasar, pero triunfó. Lideró, junto a una pandilla de amigos, el mejor equipo del Real Madrid en mucho tiempo y se convirtió en la punta de lanza de la selección Española. El chico, de apellido Butragueño y apodado "El Buitre", deslumbró al mundo durante una madrugada en la que nos mantuvo en vilo a los cuarenta millones de españoles. Era una tarde soleada en la ciudad mexicana de Querétaro y el chico le hizo cuatro goles a Dinamarca en el partido de octavos de final del campeonato del mundo.

No tardó en convertirse en icono pop y en el objeto de deseo de millones de jovencintas. Las madres le bautizaron como el yerno perfecto y los chicos, en el descampado, intentábamos imitar sus regates en seco. Muchos se cosían un número siete en una camiseta blanca y los que éramos del Atleti hubimos de sufrir sus genialidades durante más de un lustro. Tipos como él le cambiaron la cara al deporte español.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Superpop


Durante muchos años, la revista Superpop se convirtió en el semanario de cabecera de las adolescentes españolas. Con una portada donde, generalmente, se mostraba al hombre guapo del momento, la revista intentaba captar la atención de las chicas haciéndolas creer que siguiendo sus pasos conseguirian convertirse en las princesas que soñaron de niñas.

Lo que en principio nació como una revista musical se fue convirtiendo en un magacine de tinte sensacionalista donde con una portada con la foto del guapo oficial del momento, intentaban atraer a los adolescentes, siempre tan dados al fenómeno fan.

Con el tiempo, la tirada fue disminuyendo, hasta que la Superpop se convirtió en una imagen más dentro de la demografía agreste de cada kiosko. Pero atrás quedaban miles de poster en miles de habitaciones y cientos de test realizados por cientos de chicas dispuestas a perseguir una quimera.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Gol de Señor

En una época en la que nos hemos acostumbrado al caviar, cabe recordar que, durante muchísimos años nos estuvimos alimentando de patatas cocidas. De vez en cuando, para acompañar, nos encontrábamos con un filete bien apañado y nos creíamos estar nadando en la opulencia. En el fútbol de hoy, la selección española es una referencia a nivel mundial. Las dos Eurocopas y el Mundial ganados durante la última década nos acreditan. Y, sobre todo, nos acredita un estilo que nos han convertido en únicos.

Pero hubo un tiempo en el que nos aferrábamos equivocadamente a una furia que jamás daba resultado. Viajábamos a los campeonatos pronosticando el día que regresaríamos a casa y, más temprano que tarde, terminábamos acertando en nuestros pronósticos. En ese oasis de logros importantes, nos conformábamos con cualquier victoria épica. Y para nuestra generación no hubo victoria más celebrada que aquella ante Malta el día veintiuno de diciembre de 1983.

Para ponernos en situación digamos que España necesitaba ganar a Malta por once goles de diferencia si quería clasificarse para la Eurocopa a celebrar en Francia durante el verano siguiente. Aquel era el último partido del grupo y, a diferencia de ahora, estos partidos no se jugaban en simultáneo con los de los rivales del mismo. El principal rival en la clasificación era Holanda, quien se había repartido similiares triunfos con España con la diferencia de que ellos habían hecho diez goles más. Para empatarles a puntos había que ganar. Para sobrepasarles en el goal average, había que ganar por once goles. Nadie confiaba en ello.

Y menos se confiaba aún cuando el final de la primera parte reflejaba un exiguo tres a uno a favor. El pesimismo se acrecentaba cuando nos acordábamos de que incluso habíamos errado un penalti. No estábamos para concesiones, poer las estábamos cediendo. Sin embargo, como una brújula manipulada con un imán, la aguja viró de golpe y apuntó al norte. Fueron entrando los goles. A los tres que había anotado Santillana en el primer tiempo se sumaron otro más del cántabro, cuatro del Poli Rincón, dos de Maceda y uno de Sarabia. Quedaban cinco minutos para el final y solamente faltaba un gol para completar la gesta. Hubiese sido demasiado cruel terminar así.

Entonces ocurrió lo que ya todos estábamos esperando. Un balón suelto le llegó a Juan Señor, centrocampista del Real Zaragoza, en el borde del área y Juan Señor la pegó con el alma. La pelota entró mordida, junto al palo y todos nos abrazamos en los salones de nuestras casas. Aquel gol y aquel gallo mítico del locutor José Ángel De la Casa mientras perdía la voz relatando el momento, se grabaron para siempre en la memoria colectiva de un país que tuvo que esperar casi tres décadas para comenzar a celebrar títulos de verdad.

miércoles, 27 de enero de 2016

Air Jordan

A finales de los años setenta, la NBA era una competición donde jugaban unos cuantos jugadores con mucha clase pero cuyo fin, antes de la competición, era la gloria personal. Equipos desestructurados, una liga mal organizada y el cada vez, menor interés de un público que abarrotaba estadios de otros deportes, fueron factores casi decisivos para que la que hoy es la liga más glamourosa del mundo, estuviese a punto de pasar a la historia por una liquidación por cierre.

Entonces aparecieron dos tipos dispuestos a prolongar su rivalidad desde la universidad hasta las canchas profesionales. America los recibió como el duelo definitivo entre el chico negro atlético y divertido y el chico blanco serio y estricto. Magic Johnson y Larry Bird, o en la extensión de sus equipos, Los Ángeles Lakers y Boston Celtics, se enfrentaron en tres finales de la NBA durante la década de los ochenta y millones de espectadores nos encontramos, atónitos, ante una nueva manera de concebir el baloncesto y, por ende, el deporte.

Entre tanto ruido mediático apareció la figura de un chico negro espigado, fibroso y siempre con una sonrisa en la boca. Aquella aparición significó el cambio definitivo de generación. La empresa deportiva Nike, por entonces en horas bajas, se lo jugó todo al número veintitrés y firmó un contrato millonario con el joven jugador. Algunos pensaron que era una locura pagarle ese dinero a un chico recién aterrizado en la liga, pero el tiempo terminó por darles la razón y unos grandes beneficios.

En el concurso de mates celebrado en Chicago en febrero de 1988, Michael Jordan, el joven y espectacular nuevo chico de Nike, asombró al mundo con un salto a canasta desde la línea de personal. La ejecución fue tan perfecta que aquella silueta en el aire quedó como imagen corporativa de un modelo de zapatillas que dio la vuelta al mundo. Nike lanzó las Air Jordan y las vendió en tal cantidad que hubo que atender listas de espera. Había nacido un mito y con él había renacido una marca que un lustro atrás estaba casi en el bancarrota.




miércoles, 18 de marzo de 2015

Hugo


En los años noventa los programas infantiles estaban de capa caída. Ya no existían los dibujos de sobremesa en los fines de semana y Miliki tenía que hacerse un hueco en la última hora de la tarde. Quizá fue por ello que, cuando telecinco nos ofreció un programa semi juvenil, con un duende llamado Hugo como protagonista, la mayoría de adolescentes de la época lo recibimos con algarabía, pues aquel personaje terminaba, por unas horas, con la tiranía que habían impuesto los culebrones venezolanos en las cadenas de televisión.

Hugo era un tipo entrañable que corría siempre la misma aventura. Debía recorrer un mundo, esquivar unas trampas y llegar al final con el fin de cumplir una misión. La novedad es que se trataba de un programa interactivo y los encargados de conseguir que Hugo tuviese éxito en su misión eran los niños que, desde sus colegios, se enfrentaban, mando en mano, a niños de otros colegios del país con el fin de ganar una partida de videojuego.

Toda una novedad que aplaudimos en su día y aún recordamos como un programa pionero cuyo éxito, eso sí, fue muy efímero.

Pero mientras duró, fuimos muchos los que entonamos aquello de "Hugo es la estrella". A lo que él contestaba "Sí, sí. Soy la estrella".

martes, 17 de marzo de 2015

La caída del muro de Berlín



La mañana del nueve de noviembre de 1989 el mundo se despertó con una de las noticias más importantes del siglo. Y no hablábamos de un siglo cualquiera, hablábamos de un siglo donde se habían perpretado dos guerras mundiales y una gran crísis financiera. Amén de la Guerra Fría y su paralela carrera espacial. Pero muchas de las heridas generadas en estos conflictos cicatrizaron el día que el ejército de Alemania Oriental pudo por fin derribar el muro que le aislaba del mundo.

Muchos niños no éramos capaces de entender porque en Berlín existía un muro que partía la ciudad en dos subciudades completamente distintas. Con el tiempo aprendimos historia y entendimos que todo era un conflicto de intereses con una cruenta guerra de por medio. Lo cierto es que Alemania, de nuevo, volvió a regenerarse y a pesar de haber perdido dos guerras y haberse visto oprimida por los dos grandes poderes del mundo, recuperó todo el poder fáctico y económico de antaño. Existen países que no están preparados para perder.

martes, 10 de marzo de 2015

Javier, mete el micro ahí



El Estudiantes de los noventa era un equipazo. No llegaba a la altura de los tres grandes (Real Madrid, Barcelona y Joventud) porque ellos eran aún más un equipazo. Lo cierto es que el nivel de la ACB era altísimo y por ello resultaba muy atractivo visionar cualquiera de los partidos que ofrecía el segundo canal de televisión española cada domingo por la mañana.

Si estudiantes era un equipo estupendo, poco menos se podía decir del TDK Manresa. Aquel equipo ganaría la Copa del Rey esa misma temporada y terminaría ganando la liga ACB la temporada siguiente. Su jugador más emblemático, el incombustible Chichi Creus, anotó un triple a falta de tres segundos en el Palacio de los Deportes de Madrid y puso el choque ante Estudiantes con dos puntos arriba a favor de su equipo.

 Estudiantes solicitó el correspondiente tiempo muerto, aunque no quedaba mucho tiempo para planificar una jugada que no necesitara de un milagro, pero este, aunque pareciese inconcebible, ocurrió. El balón le llegó a Carlos Jiménez que, desde el centro del campo y con el tiempo aparentemente cumplido, anotó una canasta limpia. Seguidamente se desató la locura, los jugadores de Estudiantes acudieron a abrazar a su capitán y el banquillo del TDK se encaró de manera furibunda con la mesa de técnicos.

Ante el alboroto generado y al no habiéndose enterado de nada el telespectador de lo que se estaba comentando en el agolpamiento generado en torno a la mesa técnica, Ramón Trecet, mítico comentarista deportivo de la televisión pública, comenzó a espetar a su compañero a pie de pista que se entrometiese en el lío e hiciese llegar al espectador todo lo que se estaban diciendo.

Y se volvió, literalmente, loco.

- ¡Javier! ¡Mete el micro ahí!

Y Javier, como todos pudimos comprobar, no supo ni donde meterse.

jueves, 26 de febrero de 2015

Harlem Globetrotters


La NBA llegó a nuestros hogares mediados los años ochenta y gracias a el programa "Cerca de las estrellas" presentado por Ramón Trecet. Gracias a él, los niños pudimos crecer disfrutando cada mes de junio con los duelos entre Magic Johnson y Larry Bird, asistimos al nacimiento de Michael Jordan como estrella mundial y disfrutamos de jugadores legendarios como Charles Barkley, Patrick Ewing o Hakem Olajuwon.

Aprovechando la ola de éxito y fascinación que los jugadores de la NBA habían producido a los chicos de nuestra generación, los ayuntamientos y clubes deportivos comenzaron a contratar a los Harlem Globetrotters con el fin de que dieran exhibiciones por distintos puntos de España. Como aquel equipo de malabaristas representaban una refrescante novedad, a menudo, sus shows era televisados en directo y aquel grupo de hombres eran capaces de dejarnos pegados al televisor con la boca abierta.

Los Globetrotters era ya un equipo antiguo, pero nuestro país vivió demasiado tiempo receloso del baloncesto. Aquí, durante muchos años existieron el Real Madrid, el abismo y después el Joventud de Badalona y un poquito el Estudiantes. El resto no era nada hasta que el Barcelona decidió que era hora de tomárselo en serio y presentó un equipo que hoy sigue siendo una leyenda.

Pero volvamos a los Globetrotters. España vivía el boom del baloncesto alimentado por la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles y el descubrimiento de las estrellas americanas, y en mitad de aquella fascinación por el deporte llegaron a España unos tipos que manejaban la pelota como malabaristas que daban saltos, tiraba de espaldas, se pasaban el balón por debajo de las piernas y daban pases de espalda. A los niños de entonces nos gustaron más que nadie e incluso fantaseábamos sobre su posible papel en la NBA cuando lo más posible es que hubiesen sido machacados por cada uno de los equipos de la liga. Aún así, y desde que les vimos por vez primera, no hubo un niño que, por entonces, no tuviese un balón tricolor de baloncesto en el armario de su habitación.

Udo Lattek


Udo Lattek fue uno de los mejores entrenadores de la historia del fútbol alemán. De su mano nació el primer gran Bayern Munich y, cuando abandonó el club bávaro después de conquistar su primera copa de Europa, se hizo cargo del Borussia Moenchedgladbach, al que convirtió en uno de los mejores equipos del continente.

Pero nosotros conocimos a Udo Lattek cuando se convirtió en el excéntrico entrenador del Fútbol Club Barcelona de Schuster y Maradona. Durante aquel tiempo nos pareció un viejo loco con ganas de llamar la atención. No se vio por aquí al genio de los banquillos que encumbró los mejores equipos de la historia de alemania. Maradona terminó hartándose de su disciplina y Schuster jamás encontró el lugar adecuado desde el que brillar. Para más inri, el equipo sufrió el secuestro de Quini y se desmoronó cuando iba primero en la tabla. Eran años en los que el Barcelona parecía sufrir la peor de las maldiciones y así lo creían sus propios seguidores.

Con todo, Lattek logró ampliar su palmarés con una Copa y una Recopa, pero nunca consiguió ahondar en los corazones culés. Eran tiempos convulsos, los de la especulación centralista constante y la fatalidad arraigada en el sistema nervioso. Todo aquello lo cambió Cruyff, pero esa fue otra historia.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Margaret Thatcher




Cuando somos pequeños, todos necesitamos poner un villano en nuestras vidas para amenizar nuestros juegos imaginativos. Para aquellas ensoñaciones donde aparecían brujas, magos y superhéroes, ver en la tele a esa mujer mayor que tenía a medio país en huelga era la transcripción perfecta a todas nuestras imaginaciones.

Margaret Tatcher era una villana perfecta. Acostumbrados como estábamos a ver por la televisión a la super abuela británica que daba nombre a la serie, la primera ministra del Reino Unido, significaba una antítesis absoluta. La apodaron "la dama de hierro" y a nosotros aquel "Iron Maiden" nos sonaba a rock duro y a decisiones drásticas. Tan drásticas que no tardó en dividir europa entre neoliberales y progresistas.

Se puede decir que ha habido un antes y un después de la entrada de Margareth Tatcher en la élite política europea. Junto al republicano Ronald Reagan estableció una línea de actuación que fue considerada como un auténtico eje del mal para la clase trabajadora. Privatizaciones, presión social, recortes... y todo con el fin de despreseurizar el estado del bienestar. Toda una dama de hierro.

martes, 24 de febrero de 2015

El botones Sacarino



Siempre fui muy fan de los comics de Francisco Ibáñez. Mortadelo y Filemón aderezó mi infancia y agudizó mi sentido del humor. El día que descubrí a El Botones Sacarino, encontró una tira de humor fresco, casi absurdo pero muy muy ingenioso. En sus tebeos, nos contaba la historia de un botones histriónico y despistado que terminaba por colmar los nervios de sus superiores. Una gran iniciación en el humor para niños con muchas ganas de reír.

lunes, 16 de febrero de 2015

Norte y Sur

A mediados de los ochenta llegó a las pantallas una serie norteamericana que nos hizo sentarnos con pasión ante la tele cada noche del jueves. Se trataba de la historia de dos hombres, uno procedente del norte de los Estados Unidos y el otro del sur que, coinciden en la academia de soldados de West Point y terminan siendo amigos inseparables. Dicha amistad se pone totalmente a prueba en el momento en el que el Norte y el Sur entran en guerra por la solicitud de secesión de los estados del Sur.

Las aventuras de aquellos dos amigos, a menudo peleando en extremos opuestos del país, sus vicisitudes personales y el regreso al sus lugares de origen, construyeron una trama que, por apasionante, convirtió la serie en una de nuestras preferidas de siempre. Aún hoy, no podemos evitar emocionarnos al escuchar las notas de la música de cabecera.

De aquella serie salió el que sería, durante los siguientes años, el ídolo adolescente y carne de carpeta para todas las chicas del país. Patrick Swayze, que interpretaría a Orry Maine y que, de allí, pasaría a ser protagonista de las dos más mediáticas películas románticas de la década de los ochenta, Pretty Woman, aparte, Dirty Dancing y Ghost.



jueves, 5 de febrero de 2015

Cómo llenar un vaso de agua


El humor se ha transformado demasiado desde aquellos primeros años de nuestra infancia. Hoy, casi todo se reduce a brillantes monólogos y sarcásticas historias de la vida común. Por aquel entonces, lo más normal era ver a hombres contando chistes o algún dúo versionando algún éxito. Entre aquella pléyade de cómicos se colaron dos veteranos actores que vinieron a hacer lo que se conocería como "humor inteligente". Aquello no era más que intentar dar una vuelta de tuerca al absurdo y conseguir que cuanta más absurda fuese la puesta en escena más hilarante fuese el espectáculo.

Entre los gags ofrecidos por los veteranos Tip y Coll, destacó aquel que nos hacían ver como debía ejecutarse, de manera correcta, una acción tan aparentemente sencilla como la de llenar un vaso de agua. Mientras uno de ellos, Coll, sujetaba una jarra con agua y un vaso vacío, iba dando indicaciones de cómo no debía llevarse a cabo el procedimiento y cómo sí debía hacerse. Al mismo tiempo, Tip, lo iba traduciendo todo a un supuesto idioma francés.

Y eso era todo. Con algo tan simple, esta pareja de cómicos hizo reir a todo un país durante años puesto que, cada vez que aparecían en público volvía a repetir el sketch sin que ello supusiese un detrimento en su calificación.

jueves, 22 de enero de 2015

El cetro de Ottokar




Me convertí en un fan incondicional de las aventuras de Tintín el día que abrireron la primera biblioteca pública en mi barrio. Los niños de entonces, sin los entretimientos caseros de hoy en día, buscábamos nuestros sueños en aventuras escritas con letras de pasión. Tintín era un joven reportero que, acompañado de su perro, indagaba en los misterios que iban ocurriendo a lo largo del planeta. Y en aquella época éramos muchos los niños que queríamos ser como Tintín.

En la aventura detallada en "El cetro de Ottokar", Tintín viaja a Syldavia al enterarse de la noticia de que el cetro del rey será robado con el fin de que el país se anexione a Borduria. Con una trama magníficamente relatada, Hergé juega con la historia y pone nombres encriptados a Hitler, Alemania y Polonia. Como siempre, nuestro amigo Tintín, gracias a sus pesquisas, consigue desentramar el plan y, con ello, la paz para Syldavia.

viernes, 16 de enero de 2015

La fuente




Todos hemos bebido alguna vez de la fuente del parque. A pesar de las advertencias de nuestras madres, reprochando a menudo nuestro abocicamiento sobre el caño metálico. "¡No chupéis!", nos gritaban. "¡Ahí beben los perros directamente del grifo!", nos decían. Pero a nosotros aquellas historias de animales sedientos nos traían sin cuidado. Después de un partido de fútbol de dos horas y con el sol de verano pegando en las costillas, era inevitable que, sudorosos y sedientos, nos acercásemos a la fuente para bebernos casi un río.

Son pocos los parques en los que sobrevive el modelo clásico. Pila de color verde, con forma de botella de Coca-cola y coronada por una forma pirámide circular. En algunas había que ser un chico fuerte para apretar el botón y que el agua saltase como si le hubiese pillado de sorpresa. El truco consistía en saber dejar apretado el botón mientras te abocicabas en busca del torrente. Si el botón era demasiado duro, la mano cedía y entonces te las tenías que buscar para apagar la sed con pequeños chorritos.